Shaná Tová, y que por fin sea año de paz
Esta noche empieza Rosh Hashaná. Empieza el año 5787, y como cada año por estas fechas, la tradición nos pide desear a quienes queremos un shaná tová umetuká: un año bueno y dulce. Desde shalom.uy queremos desearles exactamente eso a nuestros lectores, a nuestra comunidad, a las familias que se sientan hoy a la mesa con manzana y miel. Y queremos desear, sobre todo, lo que da nombre a este espacio: shalom. Paz. No como consigna vacía, sino como lo que en hebreo siempre significó también: plenitud, integridad, que nada falte y que nada esté roto.
Por eso, en la noche en que se abre el libro del año nuevo, reafirmamos lo que escribimos hace poco en esta misma editorial, porque no fue una ocurrencia de un día sino una convicción que sostenemos, y que sostendremos.
Se puede ser judío, sionista y decir basta.
Lo dijimos entonces y lo repetimos ahora, en el umbral del año nuevo: no somos antisionistas. No creemos que el sionismo sea un proyecto colonial que deba desmantelarse, ni que el Estado de Israel carezca de derecho a existir. Venimos de una tradición, una historia y una comunidad que entendieron ese Estado como una necesidad después de siglos de persecución y como una respuesta, imperfecta pero real, al antisemitismo que no se fue a ningún lado. Tampoco somos antijudíos, ni podríamos serlo: es nuestra identidad, nuestra comunidad, nuestra gente.
Y sin embargo, seguimos sin poder callar frente a lo que hace en Gaza el gobierno de Benjamín Netanyahu. Miles de civiles muertos, buena parte de ellos niños; ciudades enteras reducidas a escombros; una población empujada una y otra vez de un lugar a otro sin adónde ir; el hambre usada como instrumento. Cuando la escala, la sistematicidad y el discurso público de referentes del propio gobierno apuntan a la destrucción de un pueblo como grupo, la palabra que corresponde usar es genocidio. Decirlo no es traicionar a Israel: es negarnos a que el nombre de nuestro pueblo y la memoria de lo que nosotros mismos sufrimos se usen como coartada para mirar para otro lado.
Netanyahu no gobierna solo. Comparte gabinete con ministros como Itamar Ben Gvir, que ha promovido públicamente el desplazamiento masivo de la población de Gaza y ha alentado una lógica de castigo colectivo que se traduce, noche tras noche, en decenas de muertos civiles. Esa no es una posición marginal: es política de Estado, sostenida por una coalición que necesita a la ultraderecha para mantenerse en el poder. Cuando el ministro de Seguridad Nacional celebra el "adelgazamiento" de Gaza como si fuera un logro, y el primer ministro no lo desautoriza porque su supervivencia política depende de él, la responsabilidad deja de ser individual y se vuelve de gobierno.
Se nos ha dicho, durante generaciones, "nunca más". Esa frase no puede significar "nunca más a nosotros" y quedar en silencio frente a lo que hacemos como Estado en nuestro nombre. La ética judía que a nosotros nos formaron —la del tikun olam, la de la memoria como mandato de justicia y no solo como reclamo propio— exige exactamente lo contrario: que la memoria de nuestro sufrimiento nos haga menos tolerantes con el sufrimiento ajeno, no más indiferentes.
Defender la existencia de Israel y exigirle que deje de matar civiles en Gaza no son posiciones contradictorias. Son, de hecho, la misma posición: la de quien quiere que ese Estado sobreviva siendo defendible, y no a costa de convertirse en aquello que juró que nunca volveríamos a permitir.
Por eso, en esta noche de Rosh Hashaná, cuando según la tradición se abre el Libro de la Vida y cada uno se pregunta qué clase de año quiere escribir, elegimos desear lo mismo de siempre y con más fuerza que nunca: que sea un año de shalom. Paz para quienes hoy rezan en Israel y paz para quienes hoy no tienen ni agua en Gaza. Paz para las familias de los rehenes que todavía esperan. Paz también puertas adentro, entre quienes hoy se gritan en vez de escucharse.
Desde shalom.uy seguiremos sosteniendo las dos cosas a la vez, aunque incomoden a los dos lados: sionismo sin genocidio, identidad judía sin silencio cómplice. Y en el primer día del año 5787, les deseamos a todos, de corazón: shaná tová umetuká, y que esta sea, por fin, la vez que la paz le gana a la guerra.
SHALOM.UY