Editoriales
Editoriales
30 de octubre de 2026
Israel votó y la elección no produjo un gobierno. Mientras se negocia, la parashá Vayerá nos recuerda que se puede exigir justicia, que dos hijos de Avraham fueron bendecidos y que el cuchillo nunca debió bajar.
EDITORIAL | SHALOM.UY · 30 de octubre de 2026
Lo que dejaron las urnas
Israel votó el martes y el resultado no dejó un ganador. Los resultados definitivos dan al bloque de Netanyahu 53 escaños, al opositor 48 y a las listas árabes 19, lejos de los 61 necesarios para gobernar. El Likud fue el partido más votado, con 27 escaños, seguido por Yashar, el partido de Eisenkot, con 21. Ni Netanyahu ni Eisenkot, según las encuestas a pie de urna, lograron los 61 escaños. La participación superó el 77 %, señal de que muchos israelíes siguen creyendo que su voto cuenta. poliwaveCNN
Lo que viene es incierto. El presidente Herzog pidió a los partidos que agoten las negociaciones para evitar una nueva elección. Tanto Netanyahu como Eisenkot descartaron por ahora una alianza formal con los partidos árabes, que podrían sin embargo respaldar a Eisenkot desde afuera. Y hay algo que no podemos dejar pasar: el partido de Netanyahu aseguró que la elección fue “robada” por los partidos árabes y pidió investigar un supuesto fraude. Los ciudadanos árabes de Israel votaron, y sus votos valen exactamente lo mismo que los de cualquier otro ciudadano. Presentar su participación como un robo no es una crítica política: es deslegitimar a una quinta parte del país. Elecciones en Israel EN VIVO: Con el 90% de los votos contados, el bloque de Netanyahu se mantiene en 53 escaños y el de Eisenkot en 48 - Infobae +2
Dos pueblos, dos Estados
Lo hemos escrito antes: somos judíos, sionistas y de izquierda. Defendemos el derecho de Israel a existir en paz y en seguridad, y por eso mismo creemos que esa seguridad no llegará mientras otro pueblo viva sin Estado, sin derechos y sin horizonte. Nuestra posición es la misma de siempre: dos Estados para dos pueblos, uno judío y uno palestino, viviendo lado a lado. Sí a la paz, no a la guerra.
Conviene decir también que esta elección no nos acerca automáticamente a esa meta. Los bloques se cuentan en escaños, no en convicciones. Como señalamos en nuestro editorial anterior, el principal desafiante de Netanyahu, Gadi Eisenkot, rechaza la creación de un Estado palestino. Un cambio de gobierno puede abrir una puerta, pero no la cruza solo. Sea cual sea la coalición que se forme, le pedimos que ponga fin al sufrimiento de los civiles, que no deje de buscar una salida política y que deje de tratar la solución de dos Estados como una palabra prohibida. poliwave
NAZA: mirar antes de opinar
El documental NAZA vuelve a la conversación. Sus directores anunciaron que a partir de noviembre se podrá ver gratis en internet. Como dijimos, nuestra posición no se apoya en esa película: reúne testimonios anónimos que el ejército israelí rechaza y que The Guardian dice haber verificado. Lo que sí nos preocupa es la reacción. Netanyahu ordenó investigar y procesar a los militares y oficiales que participaron de forma anónima. Una democracia sana investiga las acusaciones, no a quienes las hacen. Repetimos el pedido: una investigación independiente, que escuche a todas las partes y que no tema las respuestas. tiempoargrupoanimal
Vayerá: discutir, abrir la tienda, bajar el cuchillo
Esta semana leemos Vayerá, y es difícil imaginar una parashá más oportuna. Avraham, en pleno dolor, está sentado a la entrada de su tienda y sale corriendo a recibir a tres desconocidos. Después, cuando se anuncia la destrucción de Sodoma, no obedece en silencio: discute. «¿El Juez de toda la tierra no hará justicia?» Es la primera gran lección política de la Torá: preguntar por el costo humano de lo que se decide en nombre de lo más alto es una forma de fidelidad.
Más adelante, Avraham expulsa a Hagar y a Yishmael, y la Torá no los deja morir en el desierto: Dios escucha al niño, y de allí viene su nombre. A Yishmael también se le promete que será una gran nación. Dos hijos del mismo padre, dos pueblos, dos promesas. No pretendemos extraer de un texto antiguo un mapa político, pero sí una enseñanza: la bendición para uno no tiene por qué ser la maldición del otro.
Y la parashá termina con el momento más difícil, la Akedá, cuando Avraham levanta el cuchillo sobre su hijo y una voz le ordena detenerse. Quizás la lectura que más necesitamos hoy es esa: ninguna causa, por sagrada que parezca, merece el sacrificio de nuestros hijos ni de los hijos del otro.
Lo que pedimos
Pedimos que Israel forme un gobierno que no dependa de quienes hablan de personas que no son personas. Pedimos que se escuche a todos sus ciudadanos, también a los árabes. Pedimos que la paz y la solución de dos Estados vuelvan a ser un proyecto y no un insulto. Y pedimos a nuestra comunidad lo de siempre: que no confunda unidad con silencio.
Amar a Israel es desear que esté a la altura de lo que dice ser. Y amar la paz es empezar por los pueblos que, sin esperar a los gobiernos, ya se animan a imaginarla.
Shabat Shalom.
SHALOM.UY
Declaración de autoría
Este editorial fue elaborado con asistencia de inteligencia artificial. Los conceptos, las ideas y la corrección del texto son de Shalom.uy, que lo publica con su conformidad. Es un editorial de opinión y no una investigación periodística original ni una determinación judicial de los hechos. Los hechos reportados corresponden a la información disponible al 30 de octubre de 2026 y pueden cambiar.
Fuentes para ampliar y contrastar
Infobae, «Elecciones en Israel EN VIVO», 29 de octubre de 2026: https://www.infobae.com/america/mundo/2026/10/29/en-vivo-elecciones-parlamentarias-en-israel/
Infobae, resultados y negociaciones, 28 de octubre de 2026: https://www.infobae.com/america/mundo/2026/10/28/en-vivo-elecciones-parlamentarias-en-israel/
Infobae, el papel de los partidos árabes, 27 de octubre de 2026: https://www.infobae.com/america/mundo/2026/10/27/el-bloque-de-eisenkot-aventaja-a-netanyahu-en-las-elecciones-de-israel-pero-ninguno-logra-mayoria/
El Tiempo, partidos árabes y formación de gobierno: https://www.eltiempo.com/amp/mundo/medio-oriente/elecciones-israel-sin-mayorias-claras-los-partidos-arabes-tienen-la-llave-para-formar-gobierno-se-inclinaria-por-netanyahu-o-por-eisenkot-3597022
Tiempo Argentino, NAZA gratis en internet a partir de noviembre: https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/naza-gratis-online/amp/
Grupo Animal, investigación a los participantes de NAZA, 12 de octubre de 2026: https://grupoanimal.mx/entretenimiento/naza-documental-estreno-mexico
Reuters (vía Internazionale), Eisenkot y su postura sobre un Estado palestino: https://www.internazionale.it/ultime-notizie-reuters/2026/10/23/eisenkot-offers-hawkish-alternative-to-netanyahu-for-israeli-pm
SHALOM.UY
24 de octubre de 2026
Defender el derecho de Israel a existir y exigirle a su gobierno que responda por lo que hace no son posiciones opuestas. A tres días de las elecciones israelíes, una comunidad que se dice solidaria no puede mirar para otro lado.
EDITORIAL | SHALOM.UY · 24 de octubre de 2026
Somos judíos. Creemos en el derecho del Estado de Israel a existir y a vivir en paz y en seguridad. Y por eso mismo no podemos tolerar lo que el gobierno de Benjamín Netanyahu hace en nombre del pueblo judío.
No vemos contradicción entre esas dos frases. Defender a Israel no consiste en aplaudir a quien lo gobierna. Un gobierno no es el Estado, y el Estado no es todo el pueblo judío. Criticar con dureza una política no es odiar al país que la aplica. Identificar a Israel con su gobierno de turno es un error que cometen por igual quienes lo detestan y quienes lo defienden sin matices.
Lo hemos escrito antes y lo repetimos: se puede ser judío, sionista y decir basta.
No olvidamos el 7 de octubre de 2023. Ese día Hamás mató a alrededor de 1.200 personas en Israel y secuestró a más de 250. Ninguna de las críticas que siguen le quita gravedad a esa masacre ni a la angustia de las familias de los secuestrados.
Pero el dolor propio no autoriza a ignorar el ajeno. Desde entonces, según el Ministerio de Salud de Gaza, han muerto al menos 73.000 palestinos. Esa cifra no distingue entre civiles y combatientes, y por eso es objeto de debate, aunque según AFP la ONU considera confiables los datos de ese ministerio. Sea cual sea la proporción de civiles, hablamos de una escala de muerte que ninguna causa justa puede tratar con indiferencia.
Hoy, según el Programa Mundial de Alimentos, alrededor de 1,4 millones de personas en Gaza, cerca de dos tercios de la población, sufren inseguridad alimentaria aguda. OCHA informó que en septiembre ingresaron a tratamiento por desnutrición más de 2.800 niños. En los últimos días el ingreso de mercadería comercial estuvo detenido por una disputa por un pago exigido por camión, que Hamás presenta como una contribución voluntaria y que, según el organismo israelí COGAT, Hamás habría retirado. Las partes discuten a quién corresponde la responsabilidad. Quienes pagan el precio son las familias.
Y hay algo más, que no viene de un soldado anónimo ni de un enemigo de Israel, sino de un integrante del gobierno. En agosto, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, dijo en un podcast, ante un exrehén, que debían realizarse «asesinatos selectivos» en Gaza, de entre 30 y 40 personas cada noche, y agregó que «no son ni siquiera personas», según informó CBS News. Ben Gvir sigue siendo ministro. No es un exaltado marginal: forma parte de la coalición que decide en nombre de todos nosotros.
No decimos que todos los israelíes piensen así. Muchos lloran a sus muertos, sirven en el ejército y dudan, y una parte de la sociedad israelí protesta con valentía. Decimos que cuando un gobierno incluye a quien habla de ese modo, y lo mantiene, esa persona habla también por quienes lo sostienen.
La Comisión de Investigación de la ONU concluyó en septiembre de 2025 que Israel cometió genocidio en Gaza, y reafirmó esa conclusión en junio de 2026. Israel rechaza esos hallazgos. La Corte Internacional de Justicia, por su parte, todavía no se pronunció sobre el fondo del caso presentado por Sudáfrica: el procedimiento escrito sigue abierto y sus plazos llegan hasta 2029.
Un editorial no es un tribunal, y no nos corresponde dictar sentencia. Pero tampoco necesitamos esperarla para decir lo esencial: una cosa es lo que determine un día la justicia internacional y otra es el estándar moral que nos obliga hoy. Un Estado que dice hablar en nombre de una tradición que enseña a discutir hasta con Dios no puede refugiarse en el argumento de que todavía no hay veredicto. Puede y debe preguntarse qué se está haciendo en su nombre.
El documental NAZA, de Yuval Abraham y Rachel Szor, coproducido por The Guardian, reúne testimonios anónimos de 24 integrantes del aparato militar y de inteligencia israelí que describen el uso de sistemas como Lavender y la aceptación de un número elevado de víctimas civiles. El ejército israelí rechaza sus conclusiones, dice que las decisiones sobre ataques las toman personas y no la inteligencia artificial, y sostiene que no puede verificar la identidad de los entrevistados. The Guardian responde que verificó los testimonios con documentos y otras fuentes.
Ninguna de las dos afirmaciones puede ser comprobada hoy por el público. Por eso decimos con claridad que nuestra posición no se apoya en NAZA. No la hace depender de testimonios anónimos ni de una película que todavía se discute. Descalificarla sin examinarla sería irresponsable, tanto como darla por probada. Lo que corresponde es una investigación independiente, y ese reclamo vale para todos los que tengan algo que aclarar.
El martes Israel vota. Los judíos de Uruguay no votamos, pero esa elección no nos es ajena, porque quienes gobiernen actuarán, otra vez, en nombre del pueblo judío. Será la primera elección desde el 7 de octubre y puede funcionar como un referéndum sobre la continuidad de Netanyahu. Según el análisis del Council on Foreign Relations, Ben Gvir aspira a ser decisivo en la derecha, y el bloque opositor promete una comisión de investigación sobre el 7 de octubre.
Conviene ser honestos también aquí. Gadi Eisenkot, el principal aspirante a desafiarlo, critica a Netanyahu por no haber logrado desmantelar a Hamás, rechaza un Estado palestino y mantiene una línea dura de seguridad, según Reuters. Cambiar de gobierno no equivale a cambiar de conciencia. No pedimos a los israelíes que voten por un candidato determinado. Pedimos que el próximo gobierno, sea el que sea, ponga fin al sufrimiento de los civiles, rechace en su interior a quienes hablan de personas que no son personas, no deje de buscar una salida política y acepte una investigación independiente sobre lo ocurrido, incluido el 7 de octubre.
Y repetimos lo que ya dijimos en Kol Nidre: Ben Gvir no debería seguir siendo ministro.
En Yom Kipur confesamos en plural: nosotros, no yo. Si la culpa es colectiva, también lo es la responsabilidad de hablar. Durante demasiado tiempo muchas comunidades, y también la nuestra, dejaron la crítica en manos de otros o la ahogaron en nombre de la unidad. La unidad que reclama silencio ante lo que consideramos injusto no es unidad, es obediencia.
Tampoco aceptamos lo contrario. No admitimos que se llame antisemita a quien critica a un gobierno, y no admitimos que se haga pagar a los judíos de Uruguay o de cualquier lugar por decisiones que se toman en Jerusalén. El antisemitismo es real y lo combatimos sin ambigüedades. Justamente por eso no lo vamos a usar como escudo.
Defender a Israel y negarnos a tolerar lo que su gobierno hace es una misma fidelidad. Hay quienes ven en eso una traición. Nosotros lo vemos como la forma más seria de amar a un país: querer que esté a la altura de lo que dice ser.
Amar a Israel no es obedecer a su gobierno. A veces es exactamente lo contrario.
Shalom no es silencio. Es una paz que se construye diciendo, entre nosotros y hacia afuera, lo que hay que decir.
Este editorial fue elaborado con asistencia de inteligencia artificial y se publica con la conformidad de Shalom.uy, que comparte las ideas y reflexiones expresadas en el texto. Es un editorial de opinión y no una investigación periodística original ni una determinación judicial de los hechos. Los hechos reportados corresponden a la información disponible al 24 de octubre de 2026 y pueden cambiar. Las cifras sobre Gaza provienen de fuentes que se indican y algunas de ellas, como las del Ministerio de Salud de Gaza, son discutidas por una de las partes.
CBS News — Declaraciones de Ben Gvir sobre «30 a 40» muertes nocturnas en Gaza https://www.cbsnews.com/news/israel-ben-gvir-gaza-netanyahu-kill-every-night/
Council on Foreign Relations — Elecciones israelíes del 27 de octubre: quién es quién y qué está en juego https://www.cfr.org/articles/israels-election-whos-who-and-whats-at-stake
Reuters (vía Internazionale) — Eisenkot como alternativa dura a Netanyahu https://www.internazionale.it/ultime-notizie-reuters/2026/10/23/eisenkot-offers-hawkish-alternative-to-netanyahu-for-israeli-pm
Al Jazeera — Niños de Gaza ante peor escasez de alimentos, 21 de octubre de 2026 https://www.aljazeera.com/features/2026/10/21/gaza-children-face-worsening-food-shortages-as-prices-rise-and-aid-is-cut
Ormuz — Qué concluyó la Comisión de la ONU y qué falta resolver en la CIJ https://ormuz.org/en/commission-enquete-onu-genocide-gaza-conclusion/
OHCHR (ONU) — Comunicado de la Comisión de Investigación sobre Gaza, septiembre de 2025 https://www.ohchr.org/en/press-releases/2025/09/israel-has-committed-genocide-gaza-strip-un-commission-finds
AP (vía NBC Washington) — Cifras de muertos en Gaza y reacción en Israel ante NAZA https://www.nbcwashington.com/news/national-international/israeli-documentary-gaza-firestorm/4155328/
AFP (vía Arab News) — 7 de octubre y cifras del Ministerio de Salud de Gaza https://arabnews.com/entertainment/in-their-words-israeli-forces-describe-ai-backed-gaza-killing-in-new-film-3001229
JTA (vía JWeekly) — Respuesta detallada del ejército israelí a NAZA y postura de The Guardian https://jweekly.com/2026/10/02/in-its-first-detailed-response-to-naza-documentary-idf-claims-fundamental-errors/
Editorial
Esta noche, como cada año, millones de judíos en el mundo vamos a pararnos frente al Kol Nidre y vamos a pedir perdón. Perdón por lo que hicimos, por lo que dejamos de hacer, por lo que hicimos a medias, por lo que miramos para otro lado. Iom Kipur no es un día de culpa individual solamente: es, también, un día de responsabilidad colectiva. Se reza en plural. Al jet shejatanu —por el pecado que cometimos— no "yo", sino "nosotros". Y este año, para mí, ese plural pesa distinto.
No puedo pararme frente a Dios este Iom Kipur sin nombrar lo que un gobierno que dice actuar en nombre del pueblo judío está haciendo en Gaza. No lo hago como enemigo de Israel: lo hago como alguien que necesita que ese Estado exista, y que por eso mismo no puede callarse mientras se lo empuja a convertirse en otra cosa. Benjamín Netanyahu y ministros como Itamar Ben Gvir han sostenido, mes tras mes, una campaña que ha dejado decenas de miles de civiles muertos, hambre usada como arma y ciudades enteras arrasadas. Eso no se hizo en un rincón oscuro: se hizo, se hace, en nombre de "nosotros". Y si se hace en nuestro nombre, el "nosotros" del rezo de esta noche tiene que incluirlo.
Por eso este año elijo decir, explícitamente, lo que el machzor me pide decir de forma general: pido perdón. Pido perdón por el silencio de tantos líderes comunitarios que prefirieron la comodidad de la unidad a la incomodidad de la verdad. Pido perdón por las veces que yo mismo bajé la voz para no generar conflicto en la mesa, en la sinagoga, en la familia. Pido perdón porque la tradición que me enseñó a decir "nunca más" me enseñó también, con la misma fuerza, a no permitir que esa frase se convierta en licencia para infligir a otros lo que juramos no repetir.
Iom Kipur no ofrece perdón automático por las faltas que cometemos contra otros: eso, dice la tradición, primero hay que repararlo con la persona dañada. No alcanza con ayunar. No alcanza con rezar. La teshuvá —el arrepentimiento genuino— exige reconocer el daño, decirlo en voz alta y cambiar la conducta. No hay ayuno que sustituya el cese de las bombas sobre civiles. No hay plegaria que reemplace la responsabilidad política de sacar a Ben Gvir del gobierno y de terminar con una guerra que ya dejó de tener como horizonte la seguridad de Israel para convertirse en un castigo colectivo sobre un pueblo entero.
Y sin embargo, ir a rezar esta noche importa. Importa pararse frente a la comunidad y decir en voz alta lo que no siempre se dice: que se puede amar a Israel y estar de duelo por lo que su gobierno hace en su nombre. Que la memoria de nuestros muertos no nos vuelve inmunes a la responsabilidad por los muertos que causamos. Que pedir perdón como pueblo, este año, significa también exigir que quienes gobiernan en nuestro nombre dejen de dar motivos para pedirlo.
Guemar jatimá tová. Que este año se cierre, de una vez, el capítulo del silencio.
SHALOM.UY
Editorial
Esta noche empieza Rosh Hashaná. Empieza el año 5787, y como cada año por estas fechas, la tradición nos pide desear a quienes queremos un shaná tová umetuká: un año bueno y dulce. Desde shalom.uy queremos desearles exactamente eso a nuestros lectores, a nuestra comunidad, a las familias que se sientan hoy a la mesa con manzana y miel. Y queremos desear, sobre todo, lo que da nombre a este espacio: shalom. Paz. No como consigna vacía, sino como lo que en hebreo siempre significó también: plenitud, integridad, que nada falte y que nada esté roto.
Por eso, en la noche en que se abre el libro del año nuevo, reafirmamos lo que escribimos hace poco en esta misma editorial, porque no fue una ocurrencia de un día sino una convicción que sostenemos, y que sostendremos.
Se puede ser judío, sionista y decir basta.
Lo dijimos entonces y lo repetimos ahora, en el umbral del año nuevo: no somos antisionistas. No creemos que el sionismo sea un proyecto colonial que deba desmantelarse, ni que el Estado de Israel carezca de derecho a existir. Venimos de una tradición, una historia y una comunidad que entendieron ese Estado como una necesidad después de siglos de persecución y como una respuesta, imperfecta pero real, al antisemitismo que no se fue a ningún lado. Tampoco somos antijudíos, ni podríamos serlo: es nuestra identidad, nuestra comunidad, nuestra gente.
Y sin embargo, seguimos sin poder callar frente a lo que hace en Gaza el gobierno de Benjamín Netanyahu. Miles de civiles muertos, buena parte de ellos niños; ciudades enteras reducidas a escombros; una población empujada una y otra vez de un lugar a otro sin adónde ir; el hambre usada como instrumento. Cuando la escala, la sistematicidad y el discurso público de referentes del propio gobierno apuntan a la destrucción de un pueblo como grupo, la palabra que corresponde usar es genocidio. Decirlo no es traicionar a Israel: es negarnos a que el nombre de nuestro pueblo y la memoria de lo que nosotros mismos sufrimos se usen como coartada para mirar para otro lado.
Netanyahu no gobierna solo. Comparte gabinete con ministros como Itamar Ben Gvir, que ha promovido públicamente el desplazamiento masivo de la población de Gaza y ha alentado una lógica de castigo colectivo que se traduce, noche tras noche, en decenas de muertos civiles. Esa no es una posición marginal: es política de Estado, sostenida por una coalición que necesita a la ultraderecha para mantenerse en el poder. Cuando el ministro de Seguridad Nacional celebra el "adelgazamiento" de Gaza como si fuera un logro, y el primer ministro no lo desautoriza porque su supervivencia política depende de él, la responsabilidad deja de ser individual y se vuelve de gobierno.
Se nos ha dicho, durante generaciones, "nunca más". Esa frase no puede significar "nunca más a nosotros" y quedar en silencio frente a lo que hacemos como Estado en nuestro nombre. La ética judía que a nosotros nos formaron —la del tikun olam, la de la memoria como mandato de justicia y no solo como reclamo propio— exige exactamente lo contrario: que la memoria de nuestro sufrimiento nos haga menos tolerantes con el sufrimiento ajeno, no más indiferentes.
Defender la existencia de Israel y exigirle que deje de matar civiles en Gaza no son posiciones contradictorias. Son, de hecho, la misma posición: la de quien quiere que ese Estado sobreviva siendo defendible, y no a costa de convertirse en aquello que juró que nunca volveríamos a permitir.
Por eso, en esta noche de Rosh Hashaná, cuando según la tradición se abre el Libro de la Vida y cada uno se pregunta qué clase de año quiere escribir, elegimos desear lo mismo de siempre y con más fuerza que nunca: que sea un año de shalom. Paz para quienes hoy rezan en Israel y paz para quienes hoy no tienen ni agua en Gaza. Paz para las familias de los rehenes que todavía esperan. Paz también puertas adentro, entre quienes hoy se gritan en vez de escucharse.
Desde shalom.uy seguiremos sosteniendo las dos cosas a la vez, aunque incomoden a los dos lados: sionismo sin genocidio, identidad judía sin silencio cómplice. Y en el primer día del año 5787, les deseamos a todos, de corazón: shaná tová umetuká, y que esta sea, por fin, la vez que la paz le gana a la guerra.
Editorial
Escribo esto desde un lugar que a veces parece no tener espacio en el debate público: el de un judío de izquierda que cree en la legitimidad del Estado de Israel y que, precisamente por eso, no puede callar frente a lo que está haciendo su gobierno actual en Gaza.
Quiero ser claro desde el primer párrafo, porque en estos tiempos la claridad se paga cara y la ambigüedad se usa como arma. No soy antisionista. No creo que el sionismo sea un proyecto colonial que deba desmantelarse, ni que el Estado de Israel carezca de derecho a existir. Vengo de una tradición, una historia y una comunidad que entendieron ese Estado como una necesidad después de siglos de persecución y como una respuesta, imperfecta pero real, al antisemitismo que no se fue a ningún lado. Tampoco soy antijudío, ni podría serlo: es mi identidad, mi comunidad, mi gente.
Y sin embargo.
Lo que está ocurriendo en Gaza bajo el gobierno de Benjamín Netanyahu no puede describirse con eufemismos. Miles de civiles muertos, buena parte de ellos niños; ciudades enteras reducidas a escombros; una población empujada una y otra vez de un lugar a otro sin adónde ir; hambre usada como instrumento. Cuando la escala, la sistematicidad y el discurso público de referentes del propio gobierno apuntan a la destrucción de un pueblo como grupo, la palabra que corresponde usar es genocidio. Decirlo no es traicionar a Israel: es negarse a que el nombre de mi pueblo y la memoria de lo que nosotros mismos sufrimos se usen como coartada para mirar para otro lado.
Netanyahu no llegó solo a este punto, y no gobierna solo. Comparte gabinete con ministros como Itamar Ben Gvir, que ha promovido públicamente el desplazamiento masivo de la población de Gaza y ha alentado una lógica de castigo colectivo que se traduce, noche tras noche, en decenas de muertos civiles. Esa no es una posición marginal dentro del gobierno: es política de Estado, sostenida por una coalición que necesita a la ultraderecha para mantenerse en el poder. Cuando el ministro de Seguridad Nacional celebra el "adelgazamiento" de Gaza como si fuera un logro, y el primer ministro no lo desautoriza porque su supervivencia política depende de él, la responsabilidad deja de ser individual y se vuelve de gobierno.
Se nos ha dicho, durante generaciones, "nunca más". Esa frase no puede significar "nunca más a nosotros" y quedar en silencio frente a lo que hacemos como Estado en nuestro nombre. La ética judía que a mí me formaron —la del tikkun olam, la de la memoria como mandato de justicia y no solo como reclamo propio— exige exactamente lo contrario: que la memoria de nuestro sufrimiento nos haga menos tolerantes con el sufrimiento ajeno, no más indiferentes.
Defender la existencia de Israel y exigirle que deje de matar civiles en Gaza no son posiciones contradictorias. Son, de hecho, la misma posición: la de quien quiere que ese Estado sobreviva siendo defendible, y no a costa de convertirse en aquello que juró que nunca volveríamos a permitir.
Desde shalom.uy seguiremos sosteniendo las dos cosas a la vez, aunque incomoden a los dos lados: sionismo sin genocidio, identidad judía sin silencio cómplice.